miércoles, 27 de enero de 2010

LA FORMACIÓN UNIVERSITARIA DE LOS MAESTROS

Estamos inmersos en un proceso de reforma de la enseñanza universitaria (Plan Bolonia) en donde desaparecen las titulaciones de diplomado y licenciado y se integran en una nueva denominación, la de graduado. En lo que se refiere al magisterio, pasa a ahora a ser una carrera de cuatro años y tiene un nivel académico igual que cualquiera de las antiguas licenciaturas.

Que el número de años de formación del futuro maestro/a se aumente me parece muy acertado, cuanto mejor preparados salgan los futuros docentes mejor para la enseñanza. Ahora bien, esta formación debe estar en consonancia con la realidad profesional y con la realidad de los centros escolares y sus alumnos. Si únicamente se trata de estar más años en la universidad, o bien, de completar la formación intelectual, científica o académica del futuro maestro/a sin tener en cuenta la profesión a la que se deriva, me parece que no nos va a conducir a ninguna parte.

Desde mi experiencia de preparador de oposiciones para maestros, de profesor de alumnos universitarios en prácticas y de maestros en prácticas, puedo asegurar que la formación universitaria que reciben está desconectada con la realidad escolar. El futuro maestro/a sale de la universidad, independientemente de su especialidad, sin conocer un método de lecto-escritura, si saber cual es la didáctica de las matemáticas, sin conocer cual es el currículo, sin saber cómo concretar el currículo (programaciones, unidades didácticas), sin haber oído cual es la normativa educativa de su comunidad, sin haber visto cual es la secuencia de aprendizaje de los contenidos de su especialidad…

Desgraciadamente aprenden todo ésto una vez finalizada su preparación universitaria, a través de academias de formación de oposiciones, y generalmente quienes se lo enseñan son otros maestros o profesores de enseñanzas medias.

¿Cuál es el problema?

Por un lado, debe ser el propio currículo universitario, claro está, quien diseña este currículo demuestra un total desconocimiento de la realidad escolar.

Por otro lado, alguna culpa deberá recaer en el profesorado universitario, en muchas ocasiones más preocupado por su afán investigador que por conocer esta realidad.

Quizás, los formadores de maestros debieran ser maestros, no es lo mismo un niño entre los 6-12 años, que un adolescente entre los 13-18, o que un alumno adulto con más de 18 años. Si el formador es un licenciado que pasó directamente de la universidad (como alumno) a la propia universidad (como profesor) difícilmente puede conocer lo que es un niño en edad escolar. En otros casos el recién licenciado, una vez ha recorrido algunos institutos de enseñanza media, pasan igualmente a la universidad a dar ciencias de la educación sin haber visto cómo se desenvuelve la vida escolar.

Otro aspecto que repercute en el nivel de la formación inicial de los maestros es su selección antes de entrar en la universidad. El magisterio es un cajón de sastre en donde todas las vocaciones caben, aunque mejor sería decir en donde todos los que no tienen clara su vocación profesional caben. Analicemos este argumento:

En países con resultados PISA excelentes, como es el caso de Finlandia, los universitarios del magisterio son una autentica élite entre el resto de alumnos universitarios, su riguroso sistema de selección inicial determina que los que estudian esa carrera deben llevar un buen expediente académico previo y además han de contar con una serie de actitudes y aptitudes que son precisas para poder desempeñar esta función en el futuro. Mientras que allí no vale cualquiera para maestro/a, en España, ocurre todo lo contrario, el nivel de exigencia para cursar esta carrera es tan mínimo que la puede hacer cualquiera.

Este nivel de exigencia previo en Finlandia hace que los que se dirijan a esta formación universitaria vayan cargados de vocación, de lo contrario, me imagino, que optarán por realizar otras carreras mejor retribuidas y más fáciles. Como comentaba, en nuestro país la vocación se presupone, como el valor en el servicio militar…

Sirva mi propia experiencia de ejemplo. Con dieciséis años me dieron a optar por una formación dirigida a las letras o a las ciencias. ¡Y yo qué sabía!, pero dudo que la mayoría tenga claras sus perspectivas profesionales a esa edad. Posteriormente, tras terminar a duras penas el bachillerato por“ciencias”, se me presentó el gran dilema profesional, ¿Y ahora qué?, por ciencias qué podía hacer después de una trayectoria tan irregular. ¿Cuál era mi vocación?, seguía sin tener las cosas claras ¿Y si empezaba una carrera por letras?, pero sin mi formación había transcurrido por el otro itinerario. Pues nada, a buscar algo que mi familia pudiera pagar, que no fuese muy difícil, que terminara pronto (3 años), que se pudiera estudiar cerca de mi casa, que el examen de ingreso no fuese muy exigente, y además, por letras… ¡Magisterio!, está claro, como casi todos los que tenían la misma incertidumbre que yo. En mi caso opté por una especialidad de letras, las ciencias humanas, todavía no sé como superé el examen de ingreso… supongo que me tocó la lotería. Aún recuerdo las barbaridades que puse en cuestiones de Historia del Arte, de la que no tenía ni idea…

Parece que dí con la horma de mis zapatos, porque hice una carrera con notas espectaculares y terminé en los tres años consabidos, pero aún no tenía clara si esa era mi vocación. Tras años opositando conseguí una plaza, y tras casi 20 años de servicio y muchos cursos de formación a posteriori, creo que tengo vocación porque me gusta lo que hago, y aunque mi perfil profesional está lleno de virtudes y carencias, espero que las primeras puedan tapar y compensar a las segundas, por el bien de mis alumnos.

El azar me llevó a esta profesión, el azar puede hacer de mí un buen o mal maestro, el azar hace que otras muchas personas sigan mis mismos pasos, PERO EN EDUCACIÓN, NO SE PUEDE DEJAR LAS COSAS AL AZAR.

En este curso académico empieza una nueva generación de futuros graduados de maestros de infantil y primaria. A día de hoy no se conoce el currículo que realizarán en el segundo curso de carrera, de los dos siguientes ni te cuento, espero que el azar no complete el currículo con asignaturas o créditos sin ton ni son…

Estos futuros maestros con cuatro años de formación universitaria deberían ser una auténtica élite, pero me temo que la selección inicial ya ha fallado, su preparación generalista con menciones en asignaturas, dará lugar a tener nuevos “maestros liendres” (los que de todo saben y de nada entienden). Las especialidades se quedan sin una base científica y didáctica específica, espero que los que elijan esta menciones sean realmente por vocación y porque tienen cualidades innatas para ello, de lo contrario, ¡pobres niños!…

Con todo lo argumentado no quiero que se piense que los bajos rendimientos escolares o la presunta “baja calidad de la educación" es por culpa de la formación del profesorado, pero si que, indiscutiblemente, es otro factor íntimamente relacionado.

Para mejorar la educación hay que ir atando cabos por abajo, por los niveles iniciales de formación. Un buen profesorado no va a acabar con los grandes males que azotan a nuestra sociedad y que repercuten en la escuela y en la enseñanza, pero sí que harán que nuestros alumnos tengan nuevos intereses y motivaciones para aprender y en el futuro vayan limando estas carencias.

Las administraciones educativas debieran ser las primeras interesadas en velar porque todos los procesos formativos fuesen de calidad. No confundamos cantidad con calidad. En España el número de diplomados, licenciados, doctores… es muy alto, y algunos de ellos con capacidad para competir con cualquier colega de otra nacionalidad, pero también hay mucha mediocridad… Y muchos individuos que forman parte de esta mediocridad tampoco hacen esfuerzos por mejorar, se sientan en su poltrona de la comodidad, ¡que todo cambie menos yo que soy magnifico!

¡Que cada cual aguante su vela….!

Juan Carlos Muñoz Díaz.

4 comentarios:

Pepe dijo...

Felicidades por la exposición. El día que el ámbito universitario salga de la BURBUJA en la que vive...

Luis dijo...

Bonita exposición, de acuerdo en todo.

Soy estudiante de Magisterio E.F., donde más se aprende es en las prácticas.

Tengo un amigo en suecia de erasmus, contando con que probablemente le exijan menos que a otros, él dice que trabajo menos y aprende igual o más...está motivado.
Trabajan mucho por proyectos interdisciplinares, etc.

un saludo


www.educandom.blogspot.com

JRoca dijo...

Me ha gustado mucho lo que has dicho. Para realzar lo de Finlandia cabe remarcar que allí los maestros cobran menos que en España: datos de 2006 dicen que en Finlandia cobran 27.708 en primaria mientras que en España 33.024.
Saludos

José Emilio Pérez dijo...

Os paso la dirección del blog donde he realizado una especie de diario del V Congreso Internancional de Educación Física realizado en Barcelona
http://educacionfisicaprofesorado.blogspot.com/
Un saludo.
PD: Cito este post.