viernes, 15 de enero de 2010

EDUCACIÓN FÍSICA Y NO "GIMNASIA"

La “gimnasia” en el pasado

Cuando estudiaba bachillerato, hace ya unos cuantos años (en la década de los 70), tuve un profesor de “gimnasia” que nos hacía correr alrededor del instituto y que nos esperaba a las puertas del “gimnasio” con un cigarrillo en una mano y en la otra una copa de anís o coñac (variaba según el tiempo que hiciera). No es un cuento, es la pura realidad que tuve que sufrir en varios cursos del entonces bachillerato. Era algo normal, nadie protestaba y nadie movía ni un dedo por solucionar tal aberración.

En esa asignatura de “gimnasia” los que corríamos más, porque entrenábamos en algún deporte y teníamos la posibilidad de llegar primeros, obteníamos buenas notas (9 ó 10 según el puesto), los que corrían menos veían sus notas disminuidas y los que llegaban últimos sencillamente suspendían la asignatura. Además de esta maravillosa prueba objetiva para otorgar las notas, el profesor nos obligaba a ejecutar “ejercicios gimnásticos” más propios del ejército que de cualquier proyecto educativo. Formábamos filas que tenían que alinearse perfectamente, movíamos los brazos arriba y abajo sin sentido, saltábamos los potros y otros materiales ejecutando una especie de recorridos militares en los que muchos se dejaban los dientes y otros menos afortunados sus partes más sensibles (los testículos).

Es evidente que las chicas no hacían esta tremenda asignatura con nosotros (los hombres), ya que ellas se dedicaban a temas más femeninos y con una profesora. Aprendían bailes regionales, danza, saltar a la cuerda e, incluso, en algunos casos a bordar y a temas parecidos (casi siempre las envidiábamos).

Las mejores clases eran en las que el profesor de “gimnasia” nos soltaba un balón y nos dejaba jugar (bastante frecuente), al fútbol claro, no se conocía otro deporte, ni existía la posibilidad de practicar el baloncesto, el balonmano, el voleibol o cualquier otro.

El juego sencillamente no existía si no era en nuestros recreos y tiempo libre.

No estoy hablando de hace un siglo, os estoy relatando algo que sucedía en este país hasta finales de la década de los años setenta y, en algunos lugares, comienzos de los ochenta.

El cambio
Después llegaron otros profesores que se habían formado en el primer INEF de España (el de Madrid, dirigido por José María Cagigal) y que nos empezaron a hablar de la Educación Física. Y hasta nos hacían disfrutar de juegos y actividades, que ahora sí eran verdaderamente educativas.

Recuerdo perfectamente los problemas que estos nuevos profesores tenían en el instituto y cómo defendían su postura y su asignatura. Eran auténticos pioneros que, al principio, sólo contaban con el respeto y el apoyo de sus alumnos, ya que sus compañeros y los padres de alumnos estaban más por continuar con la disciplina y el sufrimiento de la “gimnasia”.

Está claro que ese tipo de experiencias te marcan y en mi caso actúo como un revulsivo para dedicarme a una profesión a la que me he dedicado con toda mi energía y me seguiré dedicando siempre que pueda y merezca la pena.

Lo correcto en palabras y denominaciones

El diccionario de la Real Academia Española (DRAE) define Educación Física como el “conjunto de disciplinas y ejercicios encaminados a lograr el desarrollo y perfección corporales”, mientras que define “gimnasia” como el “arte de desarrollar, fortalecer y dar flexibilidad al cuerpo por medio de ciertos ejercicios” y también como “especialidad gimnástica que se practica con diversos aparatos o en la modalidad de suelo”.

Hasta los de la Real Academia de la Lengua lo tienen claro y eso que no son especialistas en Educación Física.

Ya sabemos que la Educación Física es mucho más que lo que dicen en el diccionario, pero no van desencaminados si pensamos en la relación que establecen con un conjunto de disciplinas y ejercicios, y con un desarrollo y perfección corporales. Lo que sí dejan muy claro es lo que dicen acerca de la gimnasia, relacionándola más con el desarrollo, fortalecimiento y flexibilidad del cuerpo a través de ejercicios; y, evidentemente, relacionándola con una especialidad gimnástica que se práctica con aparatos o en suelo.

Sí, las palabras sí son importantes para definir las cosas, los entornos, las actividades, los trabajos, las profesiones... A las Matemáticas no se las llama suma-resta o cálculo, tampoco a la Medicina se la denomina Cirugía, u Otorrinolaringología. Ni al Derecho se le llama juicio, tampoco a la Arquitectura se la llama albañilería.

No, pues claro que no. Todas ellas son disciplinas, carreras universitarias, profesiones, que han dejado claro qué es lo que son y también que no están dispuestas (ni ellas ni sus profesionales) a consentir que se las desprecie o se las minusvalore.

En Educación Física todavía nos queda mucho camino por recorrer, pero debemos ser nosotros los primeros en recorrerlo, elevando al máximo nuestro rango, nuestro prestigio y nuestro nombre. Sin avergonzarnos nunca de él y renegando y renunciando a nombres que nos han hecho mucho daño y que se relacionan más con un pasado de dictadura y militarismo, que con un presente democrático y educativo.

¿Queda claro?

Yo, particularmente, me tomo muy en serio nuestro trabajo y nuestra profesión y nunca me quedo de brazos cruzados ante palabras, definiciones u opiniones que siguen haciendo mucho daño.
Es necesario guiar el trabajo y el estudio de manera adecuada, para alcanzar el nivel que deseamos en Educación Física y tener opciones dignas de futuro. Pero de un futuro abierto a la EDUCACIÓN FÍSICA, a los DEPORTES, al JUEGO, y no a una actividad cerrada en un término obsoleto (gimnasia), que hoy día sólo tiene que ver con una modalidad deportiva que tiene todo nuestro respeto, pero que es de muy difícil ejecución, de grandes exigencias en todos los sentidos (instalaciones, materiales, tiempo) y que, además, es de las menos practicadas en este país.

Dr. José Palacios Aguilar
Profesor de la Facultad de Ciencias del Deporte y la Educación Física. Universidade da Coruña.


(Sin segundas intenciones).