sábado, 28 de noviembre de 2009

LA PROMOCIÓN PROFESIONAL DE LOS DOCENTES




La Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación (LOE), en el artículo 1, dedicado a los principios de la educación, establece entre ellos los siguientes “la consideración de la función docente como factor esencial de la calidad de la educación, el reconocimiento social del profesorado y el apoyo a su tarea” y “el fomento y la promoción de la investigación, la experimentación y la innovación educativa”.

Por su parte la Ley 17/2007, de 10 de diciembre, de Educación de Andalucía (LEA), en el artículo 5, que se dedica a los objetivos de la Ley, establece entre ellos “potenciar las buenas prácticas docentes, así como la formación, promoción profesional, evaluación y reconocimiento del profesorado”.


Posteriormente la LEA, en el artículo 16, contempla el apartado de provisión de puestos docentes, en él hace referencia a que en dichos procesos se actuará conforme a los principios de igualdad, mérito, capacidad y publicidad.

Como podemos comprobar ambas disposiciones legales otorgan a la función docente un papel trascendental en la calidad de la educación. Sin embargo esa consideración no se tiene muy en cuenta a la hora del acceso al cuerpo ni en la promoción del profesorado (concursos de traslados, promoción interna del cuerpo, funcionamiento de los centros, reconocimiento de sexenios...).

Parece ser que el mayor mérito del docente es la antigüedad en el cuerpo, porque eso es real y especialmente lo que se valora. Así en el concurso de traslados la mayor puntuación se le atribuye a los tiempos de servicio. Al perfeccionamiento, a la innovación educativa y las publicaciones sólo se otorgan cuatro puntos como máximo.


Por ejemplo, en el capitulo de cursos de formación, sólo se puede lograr dos puntos, es decir, una vez conseguidos la administración te dice que te “eches a dormir”. Eso mismo ocurre con los sexenios, con sesenta horas de perfeccionamiento en seis años lo tienes solventado, o en el acceso a la función docente donde sólo puedes justificar 200 horas de formación.

Aun siendo un derecho del profesorado, la actualización y formación permanente es de carácter voluntario y cuando no se encuentra un incentivo en la promoción profesional pasa a ocupar un segundo plano en los intereses de los docentes. Por otro lado hay colectivos con iniciativa, con afán de superación, con necesidad de investigar, experimentar e innovar en materia educativa, tal y como expone la LOE y sin embargo no puede ampliar sus méritos profesionales porque estos se encuentran limitados.

¿Acaso el docente es mejor profesional por los años que lleva de servicio? en este sentido habría que aplicar el dicho de “el Diablo sabe más por viejo que por Diablo”. No cabe duda que la experiencia es un grado y se premia en el sueldo con los componentes periódicos como trienios y sexenios, pero la experiencia es válida sólo cuando se sabe aprovechar, cuando está cargada de otras experiencias, simplemente el paso del tiempo o la rutina diaria no aportan nada al intelecto.

Sueldo, prioridad a la hora de pedir curso en los centros, mayor puntuación en los concursos, todo es antigüedad, todo es tiempo. ¿Y la formación continua? ¿y la investigación?, ¿y la innovación?, ¿Cómo se premia?, ¿como se recompensa?…

Por otro lado, la formación continua no es una patente de calidad y preparación, pero algo queda, aunque sólo sea comprobar que existen otros métodos de trabajo o visiones sobre la educación, otras maneras de educar y formar…

La igualdad, la capacidad y el mérito que se abogan en la LEA ¿donde están?

Los docentes no somos iguales, los dos conceptos de antigüedad en nuestras retribuciones establecen desigualdades ante un misma responsabilidad, dedicación y trabajo. No somos iguales en el momento que la normativa de organización y funcionamiento se basa casi en exclusivamente en la antigüedad como criterio para asignar los cursos. No somos iguales cuando percibimos los mismos ingresos independientemente de las horas de formación que se hayan realizado, no somos iguales en el instante que se accede al cuerpo prioritariamente por meritos temporales. No somos iguales porque aunque se investigue, se experimente, se innove y se le dé publicidad a nuestros resultados su valor en méritos es muy limitado.

No se tiene en cuenta la capacidad, es decir, las posibilidades de cada uno de realizar el mayor número de tareas. ¿Cómo se valora eso? ¿Cómo determinar la capacidad individual de cada uno? Resulta complicado de verdad. Pero hay algunos criterios que nos pueden orientar, como es la formación, la dedicación al centro (dedicación más allá de las funciones específicamente docentes), el trabajo de investigación e innovación, la participación en grupos de trabajo, la adquisición de nuevas titulaciones… A esta iniciativa no se le puede establecer topes, al contrario hay que fomentarlos. Para ello es preciso premiarlos y valorarlos sin ningún tipo de límites a nivel de méritos.

Tras todo lo dicho, tengo que manifestar que, a pesar de estos obstáculos, sigo observando la profesionalidad de muchos docentes a la hora de participar en distintas modalidades de formación continua a pesar de no tener suficiente recompensa ni reconocimiento. La propia convicción personal y voluntaria de prepararse para dar respuesta a las nuevas exigencias educativas, derivadas de los diferentes planes y programas puestos en marcha por la administración educativa (bilingüismo, TIC,…) y por los intereses y necesidades de la propia realidad social, hace que nuestros Centros de Profesorado sigan teniendo sentido y puedan atender una numerosa demanda formativa.

La igualdad debe prevalecer ante los mismos méritos y capacidades, pero todos méritos y capacidades deben ser valorados de forma ilimitada, tal y como ocurre con la antigüedad.




Juan Carlos Muñoz Díaz

3 comentarios:

David dijo...

Muy buena entrada. Este año he realizado el concurso de traslado y opino igual que tu sobre la desigualdad que se crea. La administración motiva muy poco por la innovación y formación educactiva como medida de calidad de la enseñanaza.
Pero son varios los problemas que yo percibo:

Poca y deficiente oferta formativa para los docentes. Es difícil encontrar cursos interesantes y que tengan calidad. Cuando realizas varios cursos y ves que no te aportan nada, sólo el título (titulitis), no pierdes el tiempo.

En el apartado de publicaciones e innovación educativa ponen cuatro puntos pero lo peor es que no es claro el baremos de esos cuatro puntos, lo dejan para que la comisión evaluadora se reserve el derecho a puntuar tu trabajo. Esto crea un desasosiego que ves que aunque tienes ganas de trabajar e innovar despues no se te valora adecuadamente, ni claramente. Debes reclamar para que se te explique como se ha puntuado tu trabajo. Y que decir del vacio que hay en las publicaciones digitales, no hay reconocimiento(por lo menos en la C. Valenciana) si no hay un precio de venta (dinerito) por medio. INCREÍBLE. Despues son los primeros que quieren impulsar las nuevas tecnologías como medio de mejorar la calidad educativa y no valoran los trabajos que se hacen con las mismas.

Creo que se debería revisar todos estos baremos y ponerlos acorde con la ley publicada. Muchas veces se les olvida.

Un saludo

David

José Emilio Pérez dijo...

Enhorabuena por la entrada.

Vic dijo...

Me ha tocado de cole un cementerio de dinosaurios. No hay quien les haga mover el culo. Todo por esta manera de puntuar.
Enhorabuena.