sábado, 5 de noviembre de 2011

LA AUTONOMÍA PEDAGÓGICA

Hace unos días, David hizo un comentario al post ¿Es difícil programar en Educación Física? que publiqué el pasado 22 de octubre. Y como siempre, vuestras opiniones me hacen reflexionar y me ayudan a tener temas para escribir en este blog, aspecto éste que no es fácil cuando uno lleva opinando sobre nuestra área más de cuatro años.

David terminaba su comentario haciendo alusión a "la libertad pedagógica", en realidad estaba hablando de libertad de cátedra, o lo que hoy en día se denomina autonomía pedagógica.

Sea como fuere la libertad o autonomía pedagógica supone una potente arma en manos del docente, en nuestro caso de la Educación Física.

Algunos prefieren no utilizar ese arma, ya sea por inseguridad,  por desconocimiento o por comodidad. Analicemos estas posibilidades.

La inseguridad viene motivado por el desconocimiento y suele estar ligada al docente novel porque aún no conoce suficientemente todos los recovecos de nuestra área. A ellos sólo les cabe, si hay buena  voluntad de aprender, una adecuada formación continua, ya sea de forma autodidacta o bien a través de los centros de formación. La puesta en práctica de todos esos conocimientos que se van adquiriendo les irá ampliando su experiencia didáctica.

La comodidad suele ir ligada a la ley del mínimo esfuerzo o bien al desconocimiento. Si es por desconocimiento, aplíquese lo dicho en el párrafo anterior. Si es por el mínimo esfuerzo, por favor, en el próximo concurso de traslados, colega, cambia de especialidad, es por tu bien y por el de tus alumnos.


A otros nos gusta usar esa arma y probar todas sus posibilidades, eso si, tomando precauciones,  como cualquier arma conlleva sus peligros.

Hacer uso de la autonomía pedagógica, de la libertad de cátedra o de la libertad pedagógica  supone ser los conductores del proceso de enseñanza, es decir, planificar, poner en práctica y evaluar. Este proceso está ligado a la toma de decisiones. Porque de eso se trata, de tomar decisiones.

Tomar decisiones es decidir los objetivos, contenidos, competencias básicas, métodos y criterios de evaluación que se van a programar. Si los copio de una editorial o de un libro, esta decisión está limitada. 

Tomar decisiones es decidir cómo esos elementos curriculares han de tomar un sentido para el alumno a través de las unidades didácticas. Por tanto hay que decidir qué unidades didácticas vamos a realizar, qué sesiones las van a integrar y qué tareas son las más adecuadas.

En la toma de decisiones, puesto que ninguno somos perfectos, hemos de considerar múltiples posibilidades, cuantas más mejor. Hemos de tener delante programaciones de otros colegas obtenidas de libros o descargadas de Internet (en mi página personal tenéis una gran variedad), ¿por qué no? también de las editoriales, de las que obtenemos de cursillos, congresos, jornadas... Todo nos enriquece. Ahora bien, con toda esta información habrá que hacer una selección, una integración a nuestra forma de ser y de actuar y sobre todo adaptada a la realidad en la que nos vamos a mover y a los alumnos a los que va a ir dirigida. Eso forma parte de la toma de decisiones.
 
Pero como he dicho, este arma tiene sus peligros, mal usada puede producir efectos no deseados (aprendizajes no consolidados; aprendizajes no adaptados a las características del alumnado, ya sea por ser muy exigentes o por lo contrario, por poco exigentes; desarrollo de currículos ocultos que se contraponen a los aprendizajes que queremos propiciar; riesgos en la salud de nuestros alumnos...).

Llegado a este punto, dado que el desarrollo de nuestra materia está ligada a la posibilidad de que se produzcan accidentes, y eso no siempre se puede prever, quisiera hacer un comentario a la carta que me remitió Montserrat Cumellas en donde me informaba del juicio, por lo penal,  de un colega que había hecho uso de su autonomía pedagógica y su libertad de cátedra, y que por poco le cuesta la cárcel.

Os resumo la situación, Oriol, nuestro colega, había planificado dentro de una sesión el famoso juego del lazarillo, y mira por donde uno de los "lazarillos" le gastó una broma al compañero invidente (ojos tapados) y éste se golpeó con la pared. Algo que nos puede pasar a cualquiera, porque no somos Supermán... Y la familia pidió responsabilidades al centro y al profesor, aspecto que se va haciendo cada día más habitual, desgraciadamente, además eso alimenta a los que no quieren utilizar la autonomía pedagógica. 

Pero lo más incomprensible de todo fue la actuación del juez, quien además de comprobar si el profesor había tomado algunas medidas de seguridad, preguntó si ese juego estaba programado (me parece adecuado), si estaba aprobada por el Consejo Escolar y revisadas por  el Servicio de Inspección Educativa y lo más sorprendente, de qué libros estaba basado, vamos si el juego estaba sacado de un autor consagrado (esto resulta algo demencial), ese fue el motivo de que Montserrat actuara de testigo de la defensa, al parecer ese juego aparecía en algún libro suyo.

Menos mal que colegas como Julio Herrador han recopilado juegos populares y figuran en obras editadas de lo contrario no me atrevería a proponer en mis sesiones cualquier juego de pilla-pilla, menos aún la "gallinita ciega".

Me veo explicando en el Consejo Escolar detalladamente mi programación larga, mis unidades didácticas y mis juegos... ¿Habrá que convocar una sesión extraordinaria para ello? No veo a los asistentes prestando mucha atención, sobre todo cuando me ponga a recitar objetivos y contenidos...
Una vez aprobada se la enviaré al Inspector, esperaré con ansia su visto bueno y sobre todo sus comentarios a los juegos que proponga. Todos sabemos que los inspectores están capacitados para saber desarrollar cada una de las áreas del currículo, especialmente las especialidades, me parece que eso va en su concurso oposición. Perdonad la ironía, pero me rio por no llorar.

A tomar viento nuestra iniciativa y creatividad, nuestra capacidad de elaborar nuevos juegos, de prever variantes... Como algún alumno tenga un accidente nos meten en la cárcel. Tendremos que enviárselos previamente a algún autor de reconocido prestigio para que la incluya en alguna de sus obras y así estemos exentos de pecado.

Adiós libertad pedagógica, a tomar P.C. la libertad de cátedra, a la "mierda" la autonomía pedagógica. Yo cada día alucino en más colores. Después quieren que pensemos que la justicia no es un cachondeo.

En fin, que seguiremos jugándonos el pellejo como de costumbre. Rezad...