domingo, 5 de junio de 2011

EVALUACIÓN DE DIAGNÓSTICO O DIAGNÓSTICO DE LA EVALUACIÓN

Estamos inmersos en periodo de evaluaciones. Si antes, en junio, sólo se evaluaba a los alumnos, es decir se valoraba el proceso de aprendizaje, ahora la administración educativa está poniendo en tela de juicio otros aspectos de nuestro sistema educativa a través de distintas pruebas: de diagnóstico (en 4º de EPO y 2º de ESO) o escala (2º de primaria).

La finalidad de las mismas se centra en diagnosticar cuál es nivel de aprendizaje de los alumnos en función de su realidad y respecto a otros contextos educativos. Pero ello está dando lugar a que se analicen muchos otros aspectos:

El proceso de aprendizaje de cada alumno: si sólo se evaluara ésto las pruebas serían auténticamente inútiles. Acaso el proceso de evaluación continua que se viene realizando no aporta información suficiente para realizar esta valoración. El que tiene dificultades en su vida escolar suele ser el que obtiene puntuaciones más bajas en estas pruebas de diagnóstico.

Los libros de texto: los profesores cuando conocen los iítems de que constan las pruebas y qué tipo de cuestiones plantean, se da cuenta inmediatamente de que difieren mucho de las que ellos suelen aplicar.

"Son distintas de las que vienen en los libros de texto", suelen decir...

Entonces, ¿quién falla?, ¿las editoriales?, ¿los que elaboran las pruebas?... Resulta contradictorio cuando es la administración educativa la que se encarga de validar y homologar los libros de texto. ¿Cómo pueden ser válidos los tipos de actividades que plantean las 3-4 editoriales que copan la distribución de libros de texto en los centros andaluces cuando las cuestiones que se plantean a los alumnos y que forman parte de las pruebas de evaluación de diagnóstico son muy diferentes? Y en ese sentido se muestran muchos colegas cuando dicen que los niños no están acostumbrados a realizar este tipo de actividades.
El proceso de enseñanza: es sin duda uno de los aspectos que se miden, si no que se lo digan a los maestros tutores que se encargan de aplicar estas pruebas a sus alumnos. Se sienten evaluados. Y aunque todos sabemos que el aprendizaje del niño está condicionado por la intervención de todos los docentes que ha tenido hasta el momento, eso a ellos no les vale, porque saben que al final a ellos van a ser a los que se les va a pedir cuentas.

Por tanto, ante esta situación, un mes o dos antes, empiezan a preparar esta "selectividad", se olvidan de los libros, cogen las pruebas de años anteriores y dedican la mayor parte del tiempo al "entrenamiento" de los niños para la realización de las pruebas. Y en estos momentos no existen temas transversales, ni educación en valores, ni escuela: espacio de paz, ni coeducación, ni otras enseñanzas que distraigan a los alumnos de la instrucción, de saber leer y escribir y de aplicar las reglas matemáticas.

Hasta el momento la administración educativa había valorado sólo las competencias que podían evaluarse de un modo más o menos objetivo: la lingüística, la matemática y la conocimiento e interacción con el medio, es decir las que el niño tiene que estudiar. Este año se incorporaba la competencia social y ciudadana y tenía gran interés por ver cómo se valoraba algo tan subjetivo con parámetros cuantificables.

La verdad, una vez vista las cuestiones que se le planteaban a los niños empiezo a pensar que las competencias que afecten a lo social y a lo afectivo deben tener un libro de texto propio y dejarnos de perder el tiempo en buscar situaciones para ponerlas en práctica. Porque ser competente en el ámbito social y ciudadano es cuestión de que el niño sepa cómo se realiza la higiene personal, no importa si la practica o no habitualmente en su vida cotidiana. Por ahí iban las ítems que les presentaron a los niños.
Ya veo que al final tendremos que volver a los objetivos operativos, sólo lo que se puede observar es evaluable. Entonces para que "leche" nos dicen que nuestro sistema educativo está inspirado en planteamientos constructivistas y cognitivistas. ¿A quién le importa los procesos cognitivos y afectivos?

En fin, como siempre suele pasar, es fácil decirle a los demás lo que hay que hacer y cómo deben hacerlo, pero otra cosa muy distinta es predicar con el ejemplo. Y es que una cosa es la realidad y otra la educación-ficción.