sábado, 7 de marzo de 2009

LA COMPETENCIA DE AUTONOMÍA E INICIATIVA PERSONAL EN EDUCACIÓN FÍSICA


Continuando con el análisis de cada una de las competencias básicas que incluye en el Real Decreto 1513/2006, de 7 de diciembre, por el que se establecen las enseñanzas mínimas para Educación primaria, en esta ocasión vamos a abordar la competencia de autonomía e iniciativa personal.

El Real Decreto nos indica que “la Educación física ayuda a la consecución de la Autonomía e iniciativa personal en la medida que emplaza al alumnado a tomar decisiones con progresiva autonomía en situaciones en las que debe manifestar autosuperación, perseverancia y actitud positiva. También lo hace si se le da protagonismo al alumnado en as4pectos de organización individual y colectiva de las actividades físicas, deportivas y expresivas”.

La autonomía hace referencia a las situaciones de dependencia o independencia del niñ@ en relación con diversos ámbitos (inteligencia, posibilidades físicas, moral…). La construcción de la autonomía está estrechamente relacionada con el desarrollo madurativo del niñ@, con las interacciones que éste establezca con el medio y con sus iguales, así como el comportamiento de los educadores (padres/madres y maestr@s) respecto a él.

En líneas generales se podría decir que cuando el niñ@ nace es un ser indefenso que necesita del adulto para satisfacer prácticamente sus necesidades básicas. En el estudio realizado sobre niñ@s de 1 a 5 años, MAHLER distinguió cuatro periodos:
  • Periodo de diferenciación: el niñ@ comienza a apartarse de su estado de unión simbiótica con la madre.
  • Periodo de “prácticas”: el niñ@ se aleja físicamente de su madre, pero aún la necesita próxima y a su disposición, aunque cree que sus capacidades son ilimitadas.
  • "Crisis de acercamiento”: se desilusiona al comprobar lo débil que es a pesar de actuar por sí mismo. Busca a su madre y al mismo tiempo la rechaza.
  • "Comienzo de la “individualización”: el niñ@ renuncia definitivamente a su creencia en su propia omnipotencia y en la de sus padres y comienza a actuar de modo autónomo.

El fallo del proceso de individualización, puede dar lugar a un funcionamiento no autónomo que desembocará en diversas manifestaciones que reflejan su defensa y desconfianza del entorno: regresión autista, represión, aislamiento, anulación de la personalidad, inseguridad… Si el proceso se realiza correctamente el niñ@ aprenderá a enfrentarse con la realidad a partir de la multitud de nuevas situaciones y se le elaborarán posteriormente estrategias eficaces de mayor complejidad.

Como consecuencia de su desarrollo madurativo y de las interacciones que establece con los objetos y con las personas va alcanzando progresivamente crecientes grados de autonomía en todos los órdenes:

  • En el aspecto físico, va consolidando progresivamente su independencia mediante el desarrollo de la psicomotricidad fina y gruesa, el proceso de segmentación y coordinación, el control del tono muscular… constituyendo la base para el desarrollo de otras capacidades más complejas que van a proporcionar al niñ@ una completa autonomía de movimientos.
  • En el orden moral, a partir de los 7-8 años el niñ@, merced a sus relaciones con sus iguales, el niñ@ irá adquiriendo autonomía en este ámbito.
  • Por último, en el aspecto intelectual, su independencia de pensamiento alcanza elevadas cotas en el periodo de las operaciones concretas y se consolida con la aparición de las operaciones formales.

Si realizamos una lectura del Real Decreto 1513/2006 podremos observar qué tratamiento se le da a esta competencia:

En los Objetivos, prácticamente en todos los objetivos generales de la etapa, en mayor o menor medida, va implícita la autonomía y la iniciativa personal. Esto se puede comprobar en acepciones como:

  • Recurso para organizar el tiempo libre.
  • Actitud responsable hacia uno mismo.
  • Utilizar las capacidades físicas y las habilidades motrices para adaptar el movimiento a las circunstancias y condiciones de cada situación.
  • Aplicar principios y reglas para resolver problemas de forma autónoma.
  • Regular y dosificar el esfuerzo acorde con sus propias posibilidades y la naturaleza de la tarea.
  • Utilizar los recursos expresivos del cuerpo y el movimiento de forma estética y creativa.
  • Participar en actividades.
  • Mostrar una actitud crítica tanto desde la perspectiva de participante como de espectador.

En los contenidos también podemos vislumbrar el tratamiento de esta competencia en la mayoría de los mismos. Los que mantienen una relación directa pueden ser los siguientes:

  • Toma de conciencia del propio cuerpo.
  • Aceptación de la propia realidad corporal.
  • Dominio motor y corporal.
  • Resolución de problemas motores.
  • Disposición favorable a participar en actividades aceptando la existencia diferencias en el nivel de habilidad.
  • Interés por mejorar la competencia motriz.
  • Realización de acciones corporales improvisadas.
    § Utilización de sus posibilidades expresivas.
  • Exteriorización de emociones y sentimientos de forma desinhibida.
  • Composición de movimientos a partir de estímulos rítmicos y musicales.
  • Adquisición de hábitos relacionados con la actividad física.
  • Uso correcto de materiales y espacios.
  • Utilización de estrategias de cooperación y oposición en la práctica de juegos.
  • Utilización del juego en el tiempo de ocio.
  • Elaboración y cumplimiento de un código de juego limpio.
  • Confianza en sus propias posibilidades.
  • Esfuerzo personal.

Lógicamente, si en todos los objetivos de etapa y en todos los bloques de contenidos se trabaja esta competencia básica, a través de los criterios de evaluación también se está valorando.

En el ámbito de la metodología y la didáctica nos lleva a la utilización de de estilos de enseñanza participativos (enseñanza recíproca, grupos reducidos), individualizadores (programa individual, enseñanza por grupos), que impliquen cognitivamente al alumn@ (descubrimiento guiado, resolución de problemas) o que promuevan la creatividad (libre exploración). Por tanto hay que ir huyendo de los métodos tradicionales basados en el mando directo del profesor/a porque limita en gran medida la autonomía y la iniciativa del alumn@.

De forma genérica la competencia de autonomía e iniciativa personal está relacionada con estas dimensiones:

  • Tomar decisiones.
  • Mostrar una actitud de autosuperación, esfuerzo y perseverancia.
  • Mostrar una actitud positiva.
  • Participar en la organización de las actividades.
  • Buscar las soluciones y elaborar nuevas ideas.
  • Valorar las ideas de los demás.
  • Conocerse a sí mismo y autocontrolarse.
  • Tener confianza en sí mismo.
  • alorar la previsión de los peligros de una actuación.
  • Aportar soluciones creativas.
  • Afrontar los problemas.
  • Evaluar y arriesgarse en la medida de lo necesario.
  • Adecuar sus proyectos a sus capacidades.
  • Afirmar y defender derechos.
  • Analizar posibilidades y limitaciones.
  • Aprender de los errores.
  • Demorar la necesidad de satisfacción inmediata.
  • Planificar proyectos personales.
  • Organizar de tiempos y tareas.
  • Evaluar acciones y proyectos.
  • Extraer conclusiones.
  • Saber dialogar y negociar.
  • Ser perseverante y responsable.

Publicado en la revista digital educaciónydeporte.com

nº 11 de marzo de 2009.